~Nothing to kill or die for, and no religion too. Imagine all the people living life in peace~

lunes, 26 de octubre de 2009


Cambiando de piel, equilibrando, avanzando. Prefieres ver de arriba el horizonte. Me buscas después y entre los rayos tus manos señalan el camino más adecuado. Cuando te miro, cámara lenta, tus movimientos me dan este sitio. Este silencio contemplativo, cuando consigo a tu lado percibo los diferentes caminos para llegar a tus ojos; quiero encontrarlos en mi línea, me dirijo a ti. En el borde baja luego, así yo puedo acercarme y ver el límite en que tu rostro conserva su figura de adolescente, su figura de adolescente perpetuo. Cuando coincido, cámara lenta, y a lo lejos nuestros amigos dentro del agua mueven sus cuerpos. Cuando consigo tu lado percibo. Quiero encontrarlos~

jueves, 8 de octubre de 2009

Josefina

Se subió al colectivo tarareando, con la misma cara de nada. Pagó, y al girar la cabeza vio el mismo gris de mierda, el mismo que veía todos los días. Se sentó en uno de esos asientos que está al revés, que te obliga a ver a la gente que viaja. Pero esta vez no le molestó tanto. Entre todo el gris, sobresalía una chica. Estaba vestida con muchos colores, el pelo rubio, y ojos marrones. Era mayor que él, tendría unos 22 años. Se podía ver la tristeza en su cara, en sus ojos. Estaban a punto de romper en lágrimas. Carla. No. Josefina, sin duda se llamaba Josefina. Sintió compasión por ella. Notó que él la miraba, y lo fulminó en un segundo, para volver su vista a la ventana. Ese corto momento en el que sus ojos se cruzaron le alcanzó para entenderla. Con una sonrisa en la cara sacó una hoja de un cuaderno. Empezó disculpándose por la letra. Siguió explicandole que la vida sigue, que hay muchos idiotas que le van a hacer eso. Que tiene que mirar bien con quién se junta. Le dijo que está bien llorar de vez en cuando, que no hay que reprimirse. "Con una sonrisa la vida es mejor" fue su última frase. Dobló con precaución el papel, y escribió en imprenta "Josefina". Carta en mano, se acercó al asiento vacío al lado de la muchacha, y la dejó junto con un pañuelo. Sin mirarla se dió vuelta y se bajó del colectivo.

Autor: Joaquín "Quinqui" Chiozza

Mora & Pancho

El veinticinco de febrero de mil ochocientos setenta y nueve Mora tenía diecisiete años. Ese mismo día lavó sus dientes a las 9.30hs y prefirió – a pesar del calor – tomar té sólo a tomarlo con leche.
Como todas las tardes de sábado acompañó a su madre al mercado y -como habían planeado- se encontró con Natalia a las 16.00hs en Corrientes y Suipacha. Esa esquina dio inicio una caminata. Entre risas y vacilaciones hablaron del nuevo vestido de Mora, del cine, de los discos que ya no se vendían, de lo que harían a la noche en la casa de Manuel, de lo triste que se sentían, del miedo que tenían… también hablaron de Francisco: el amigo de Manuel.
Ambas reconocieron que los mates de Mora eran asquerosos, por eso decidieron que esa tarde los haría Natalia.
Al son de The Beatles Mora se vistió como dijo a Natalia que lo haría, se peinó, comió dos bizcochos y tomó dos mates con su mamá. Guardó el long play antes de que su madre llegase, odiaba ocultarle la música a ella, pero no había alternativa.
Sonaron los timbrasos de Natalia, para ir hasta la casa de Manuel caminaron cinco cuadras en forma recta, doblaron a la derecha cuatro cuadras y al doblar la esquina caminaron algunos metros más. Durante el viaje hablaron de varias cosas, de cosas como el miedo.
En la casa de Manuel y entre amigos Mora comió, bebió, se rió, gritó. Ya desinhibida y bajo miradas cómplices se acercó por primera vez a Francisco. Hablaron de música y de filosofía. A los minutos Mora miró en forma directa a los ojos de Francisco por primera vez; ambos sintieron lo mismo, química genuina. Mientras la luna se despedía sus labios se rendían… se rindieron.
Francisco, antes de despedirse se aproximó a Mora y le dijo al oído que el martes a las 16:00hs la esperaba en Corrientes y Suipacha. Mora sonrió.
Francisco no vio nunca más a Mora, Natalia no vio nunca más a Mora, nadie no vio nunca más a Mora, nadie, nunca más.



M ~

CabaLLo de Madera~

CabaLLo de Madera~