Son las 4:00hs PM del 4 de Diciembre del 2008. Tomás se mira al espejo mientras lo acompaña una canción ,lo remonta a momentos felices, tristes; le acercaban los mejores momentos, los seleccionados para permanecer. Recuerdo: soledad. Perfección que en su vigencia no pudo reconocer, o pudo y no supo retener. Siente esa presión que lo paraliza antas de llorar y vuelve a enfocar su atención en su reflejo, piensa en las posibilidades de un gesto atractivo en su cara. No, hoy no. Se perfuma; busca en cuatro lugares diferentes su juego de llaves y se va.
Son las 7:00hs PM del 4 de Diciembre del 2008 cuando advierte con un ademán algo colérico que tiene sólo media hora para bañarse, vestirse, peinarse, salir y llegar tarde. Disfruta de la lluvia caliente sobre sus hombros y espalda, disfruta de verse en el espejo como quiere, disfruta marcar su cintura, disfruta de llegar tarde, disfruta del juego, disfruta en especial de este último tiempo del cual no esperó nunca nada bueno.
Una mujer apurada; una pareja de ancianos; – ¡Mamá!, ¡Mamita!; Ituzaingó y Oh’higgins; un policía; dos hombres y una mujer discuten, la mujer agita una caja de medicamentos, el policía escucha sin hacer nada; olor a basura; bolsas de basura amontonadas; papeles blancos; retazos de tela blanca; un chino en cuclillas; dos árboles; un joven con una bolsa de comida; olor a pollo asado; Maxiquiosco “Lumiluz”; “Fotocopias, locutorio, bebidas, panchos, PBT”; un auto arranca; Ituzaingó y Basavilvaso; gato blanco y gris; un taxi. Se sienta en un escalón, aguarda 3 minutos, piensa en la posibilidad de irse.
Finge no importarle llegar aún cuando toda la semana aguardó ese momento. Se siente idiota por estar tan conmovido. Charlan aproximadamente una hora, se sientan en un umbral poco iluminado, no sabe qué más decir. Teme besarla mucho y que note su enamoramiento. Dos besos cortos, otro menos, otro más corto. Nunca vio una persona tan hermosa. Las personas en general le parecían horribles, llenas de errores, grotescas, desagradables. Ella era la excepción. Quizá por eso ocupaba tanto tiempo en su memoria, quizá por eso no podía dejar de mirarla. La observaba, cuando movió los labios lo paralizó.
- Ayer pensé en vos
¿Pensas en mí?
- ¿Querés saber la verdad de cómo terminan estas historias?
Soy muy joven para morir. Sí, quiero.
- ¿Estás listo?
No. Estoy listo.
Su casa otra vez. Tomás hace una retrospectiva de los sucesos de sus últimos años, la nostalgia lo invade, el arrepentimiento, el orgullo, la tristeza, la alegría, la tristeza de nuevo, y el llanto después. Los cambios le molestaron, después no. ¿Qué cambios? La historia, los dolores, las compañías, las mentiras, las verdades... La crudeza de la vida que él siempre vio desde afuera. Las primeras veces, las últimas veces, las aparentes últimas veces. Piensa en la risa de su amigo, en besos, en abrazos, en besos apasionados, en abrazos interminables, en la posibilidad seducir a alguien, en la posibilidad de perder a alguien para siempre, en las expresiones de su cara, cuándo se veía bien, cuándo se veía horrible, en lo horrible que se veía mientras lloraba. Piensa en los giros inesperados. Tomás es pesimista, no cree en el retorno, en la suerte, en las casualidades afortunadas, en nada. Entonces ¿Qué habría pasado si... Hubiera dicho, hecho, mirado, pensado, escuchado, callado, otras cosas? Tomás cree en los verdaderos amigos, cree que es único, no se agrada. Ahora escucha solo el sonido de la música, se seca las lágrimas con la manga de su suéter, se levanta, se baña, se cambia, se observa desnudo en el espejo, se siente lindo, se siente feo casi siempre. Se viste, perfuma, se va…
- ¿Querés saber la verdad de cómo terminan estas historias?
Si, estoy listo.
me gusta como escribis
ResponderEliminarestá muy bueno.. sigo leyendo tu blog
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